Prensa Ecosocialismo (Minec) / Caracas 05-03-2026.- El Ministro del Poder Popular para el Ecosocialismo, Alfred Nazaret Ñáñez, realizó una visita al estado Táchira como parte del despliegue nacional del Plan Chuquisaca 2026, programa estratégico de la Gran Misión Madre Tierra Venezuela, orientado a la siembra masiva de árboles frutales, medicinales y forestales para fortalecer la soberanía ecológica del país.
La actividad se desarrolló en el vivero institucional de la Unidad Territorial Ecosocialista (UTEC) Área N.º 2 Rubio, ubicado en el sector Los Limones del municipio Junín de esa entidad. Este espacio, creado en 1976, cuenta con 4 hectáreas de extensión, 460 bancales y una capacidad instalada para la producción de 460.000 plantas, ofreciendo servicios de germinación, trasplante, preparación de sustratos y riego por aspersión.
Durante la asamblea comunitaria para la recolección de semillas, las autoridades informaron que la meta de producción para 2026 contempla 350.000 plantas forestales, frutales y medicinales, destinadas a fortalecer los procesos de restauración ecológica y la expansión del Plan Chuquisaca en la región andina.
Durante el encuentro, el ministro Ñáñez destacó que los métodos de siembra empleados por las comunidades y equipos técnicos integran prácticas ancestrales, conocimiento científico y adaptación a las condiciones reales de trabajo, lo que constituye —según afirmó— un ejemplo de creatividad y resiliencia campesina.
“El método de la siembra, de acuerdo a las prácticas ancestrales, el conocimiento científico que hay de agricultura, pero también según las condiciones que tengamos para trabajar, nos imponen inventiva, creatividad y un desafío adicional de adaptación de nuestros procesos de trabajo para cumplir como corresponde. No podemos esperar las condiciones perfectas para avanzar; avanzamos de acuerdo a circunstancias que siempre serán adversas, eso lo sabe el campesino”.
Al referirse a los efectos del cambio climático, señaló: “Tenemos un desorden en los ciclos de las aguas, en los períodos secos y, por lo tanto, en la biodiversidad, que es la que garantiza el equilibrio y la productividad agrícola, sea a nivel industrial, de conuco o doméstico”.
Sin embargo, a pesar de los efectos por el cambio climático, Ñáñez felicitó a los equipos locales por la efectividad de sus métodos: “Si ustedes han encontrado un método que les ha sido efectivo, ese método es para estudiarlo, analizarlo y construir teoría. Creo que en el mundo no hay un país que se esté proponiendo plantar diez millones de árboles. No hay un país que esté pensando a ese nivel en la humanidad y en su propio pueblo”.
Asimismo, resaltó que el Plan Chuquisaca trasciende la siembra y se convierte en una ética espiritual: “Sembrar árboles frutales, medicinales, forestales o energéticos es una idea de soberanía ecológica, alimentaria, de salud y también espiritual. Chuquisaca es una ética del espíritu. El hombre y la mujer que hacen ese viaje hacia la vida que da vida, hacia la semilla que germina y se convierte en árbol, cambian para siempre su relación con la naturaleza y consigo mismos”.
Reflexionó sobre la conexión profunda entre humanidad y biodiversidad: “Quien ha cuidado o sanado un animal sabe que la vida va más allá del ser humano. Somos parte del reino animal; dependemos del reino de la vida. Por eso agradezco que compartan cómo están haciendo el trabajo, y por eso uno entiende que aquí se está logrando una efectividad del cien por ciento”.
Crisis civilizatoria, capitalismo y amenaza climática
El ministro Ñáñez profundizó en las causas estructurales de la crisis ambiental global, señalando que no se trata de un fenómeno aislado, sino de un proceso acumulado a lo largo de la historia humana: “Los ricos son cada vez más ricos y menos en cuanto a porcentaje, y los pobres somos más pobres y en mayor cantidad, en una brecha que ya es imposible cerrar dentro del sistema capitalista”.
Explicó que la depredación de la naturaleza no puede desvincularse del modelo económico dominante: “Cuando hablamos de que el ser humano ha depredado a la naturaleza, no nos podemos olvidar de que ha sido el ser humano dentro del sistema capitalista, que tiene como lógica la destrucción, la explotación y el consumo infinito e ilimitado”.
Añadió que la responsabilidad no puede reducirse a los hábitos individuales: “Siempre le queremos echar la culpa a quien bota basura o no separa sus residuos, pero ahí no está el problema. El problema está en el modelo de producción y en el modelo de consumo, del cual todos somos prisioneros y prisioneras”.
Cambio climático y riesgo de extinción humana
El ministro advirtió sobre la gravedad del momento histórico: “El cambio climático es tal que la especie humana está en peligro de extinción. Ya no es el oso frontino, el jaguar o el águila arpía: es el ser humano el que está en peligro”.
Aclaró que el planeta continuará existiendo, pero bajo condiciones que podrían ser incompatibles con la vida humana: “El ecosistema va a mutar, a adaptarse, a transformarse a condiciones completamente distintas a las que conocemos, y pudieran ser condiciones a las que el ser humano no logre adaptarse con facilidad”.
Criticó la falta de voluntad de las élites globales: “Ese uno por ciento de la humanidad, que es quien más gana y más dinero acumula, se niega a construir políticas que disminuyan la emanación de gases de invernadero”.
Emisiones, calentamiento global y desórdenes climáticos
Ñáñez recordó que los compromisos internacionales siguen siendo insuficientes: “Apenas se han planteado la reducción del 45% de las emisiones de gases de invernadero, para que en 2030 el planeta aumente apenas 1,5 grados. Pero como van las cosas, pudiéramos estar por encima de ese 1,5, porque ya estamos llegando al grado adicional”.
Explicó que este calentamiento se traduce en fenómenos extremos: “De ahí las grandes temperaturas a las que nos estamos exponiendo y los grandes desórdenes en los ciclos del agua”.
Pérdida de biodiversidad y amenaza a la producción de alimentos
El ministro señaló que la crisis climática está estrechamente vinculada a una segunda crisis ambiental: “La pérdida de biodiversidad asociada al cambio climático nos pone en una segunda carrera contra nosotros mismos, porque estamos debilitando la diversidad de vida que sostiene nuestro ecosistema”.
Destacó que esta pérdida afecta incluso los procesos invisibles que permiten la agricultura: “La biodiversidad no se expresa nada más en lo macro. También está en los microorganismos del suelo, necesarios para la producción del sustrato que dará alimento a las plantas que cultivamos”.
Degradación ambiental y pérdida acelerada de biodiversidad
El ministro Ñáñez advirtió que la pérdida de biodiversidad constituye uno de los problemas más graves que enfrenta la humanidad, agravado por prácticas productivas nocivas: “Es un problema gravísimo la pérdida de biodiversidad, y se va agravando con los modos de producción. La tala y la quema, por ejemplo, son nuestro peor enemigo en este momento si queremos preservar la biodiversidad y nuestro modo de producción de alimentos”.
Señaló que incluso la agricultura industrial contribuye al deterioro de los suelos: “El modo en que producimos los alimentos está marcado por una industria que utiliza fertilizantes que terminan empobreciendo al propio suelo”.
Tres crisis ambientales entrelazadas: clima, biodiversidad y contaminación
Ñáñez explicó que la humanidad enfrenta simultáneamente tres crisis que amenazan la estabilidad ecológica:
- Crisis climática, que altera los ciclos naturales y pone en riesgo la vida humana.
- Crisis de biodiversidad, que debilita los sistemas que sostienen la producción de alimentos.
- Crisis de contaminación, especialmente la contaminación del agua.
Sobre esta última, enfatizó, “La contaminación de nuestras cuencas hidrográficas está poniendo en peligro la existencia de comunidades enteras y sometiéndolas a condiciones completamente antagónicas para que pueda surgir la vida como la hemos planificado, tanto en su economía como en su ecología”.
El Plan Chuquisaca como respuesta ecológica y civilizatoria
El ministro destacó que la siembra de diez millones de árboles representa una contribución directa de Venezuela a la mitigación del cambio climático.
“El aporte que va a hacer Venezuela con la siembra de 10 millones de árboles es un aporte directo al mejoramiento o a las políticas de mitigación del cambio climático, porque son los árboles los que producen oxígeno y retienen CO₂. Sin tareas como estas, seríamos cómplices de un modelo civilizatorio destructivo y autodestructivo”.
Protección de las cuencas hidrográficas como prioridad nacional
Ñáñez subrayó que uno de los objetivos centrales del Plan Chuquisaca es la defensa del agua.
“El plan Chuquisaca tiene como objetivo cuidar las cuencas hidrográficas, que vendría siendo una de las tareas centrales de las comunas y de todos los gobiernos territoriales. Sin agua no hay vida, sin agua no tendríamos absolutamente nada. Sin agua morirían nuestros pueblos y perderíamos toda la capacidad que hoy tenemos para desarrollarnos en nuestros territorios”.
Protección del agua y recuperación de la relación con el territorio
El ministro Ñáñez destacó la importancia estratégica del estado Táchira como territorio de ríos y cuencas, subrayando que su riqueza hídrica ha sido históricamente vulnerada: “El Táchira es una tierra de ríos, uno de los espacios andinos con más cuencas hidrográficas, que han sido históricamente maltratadas, deforestadas y diezmadas en su potencial y capacidad”.
Afirmó que la defensa del agua no es solo responsabilidad institucional, sino un compromiso comunitario: “Ese es un tema que tenemos que abordar desde la comuna. El Ministerio de Aguas distribuye el agua, pero es la comunidad la que protege que nuestros manantiales, ríos y afluentes sigan teniendo fuerza, salud y vigor, porque son seres vivos”.
El ministro insistió en que comprender el agua como un ser vivo transforma la manera en que las comunidades se relacionan con su entorno: “En la medida en que veamos el agua y todo lo que nos rodea como seres vivos, entenderemos que dependemos de esa estructura vital para desarrollarnos”.
Agricultura ecológica y soberanía territorial
Ñáñez comparó los modelos agrícolas y advirtió sobre los costos ocultos de la agricultura industrial: “Es más fácil usar pesticidas y fertilizantes, pero a la larga estás destruyendo la tierra. Luego tendrás que comprar sustrato porque has matado la tierra de la que estás sembrando, y será más caro y más pernicioso”.
En contraste, defendió la agricultura ecológica como un camino más sostenible, saludable y económico en el tiempo.
Asimismo, resaltó que el Plan Chuquisaca busca que las comunidades recuperen su vínculo con el territorio: “El Plan Chuquisaca tiene como objetivo que las comunidades se reencuentren con su territorio y ejerzan directamente la soberanía alimentaria y la soberanía en términos de salud”.
Memoria ancestral, medicina tradicional y bancos de tierra
El ministro explicó que el plan también promueve la recuperación de saberes, “Recuperar la memoria ancestral para entender la importancia de la medicina tradicional y la medicina homeopática forma parte de la idea del Plan Chuquisaca”.
Destacó la necesidad de organizar bancos de tierra comunitarios: “Tener un inventario de bancos de tierra para sembrar plantas frutales que redunden en la economía, en la salud y en la protección de nuestras cuencas hidrográficas es el máximo ejercicio de soberanía que podamos hacer como comunidad”.
Finalmente, envió un mensaje especial a las mujeres, protagonistas del poder popular: “Sueño con que en las próximas consultas, ahora el domingo 8 de marzo, Día de la Mujer… felicitaciones adelantadas para las mujeres. Las mujeres son protagonistas del poder popular en todo el país. Un aplauso para las mujeres”.
La visita del ministro Ñáñez al estado Táchira reafirma el compromiso del Gobierno Bolivariano, desde el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo con la defensa del ambiente, la protección del agua y la construcción de un modelo ecosocialista basado en la participación protagónica del poder popular. El Plan Chuquisaca 2026 avanza como una política integral que combina ciencia, ancestralidad, espiritualidad y soberanía territorial para enfrentar las crisis climáticas y ambientales que afectan al planeta. Con la meta de sembrar diez millones de árboles y fortalecer la gestión comunitaria de las cuencas hidrográficas, Venezuela consolida un camino propio hacia la preservación de la vida y la construcción de un futuro sostenible para las generaciones presentes y futuras.
Prensa Ecosocialismo (Minec) / Keila Correa

